Febrero 22, 2024

Parroquia Nuestra Señora de la Buena Esperanza

Santuario San Sebastian de Panimavida

6.000 km. a pie por amor a Dios: La increíble historia de una joven rumbo a Tierra Santa

“Camino, camino, camino”. Esta es la palabra que resonaba una y otra vez en la cabeza de Carlota Valenzuela, la joven española que tras descubrir lo que Dios había puesto en su alma decidió emprender la mayor aventura de su vida. 

Con gran valentía salió el 2 de enero desde Finisterre -un cabo situado en la costa gallega española conocido como “fin del mundo”-, con tan sólo una mochila a sus espaldas y una gran fe en el corazón.

Serán 12 países y 6.000 km los que atravesará para peregrinar desde “el fin” hasta el “principio” de todo: Jerusalén, donde pretende llegar la próxima Navidad. 

Un viaje de entera confianza en el Señor y sacrificio, con el que Carlota busca entregarse de una forma completa a Cristo y agradecerle de la forma más humilde y sincera el gran regalo que Él le ha hecho: la vida. 

Primeros km. hacia Jerusalén. Crédito: Carlota Valenzuela

Y tú, ¿a quién buscas?

Después de cinco meses y llegando a la mitad de su viaje, la joven española conversó con ACI Prensa a su paso por Roma. Con una gran sonrisa y sencillez, explicó que fue a principios de verano de 2021 cuando sintió que Dios le pedía “entregarse a Él de una forma más clara y más completa”.

“Pero no entendía muy bien cómo, y en mi cabeza resonaba mucho la palabra ‘camino’,  pero no entendía muy bien qué era ese camino y durante unos meses estuve teniendo esta sensación, hasta que un día en oración tuve muy claro y sentí que Dios me preguntaba: ¿Pero y tú, a quién buscas?”.

Ella sabía que era a Jesús a quien buscaba, y fue entonces cuando sintió que Dios le preguntaba de nuevo acerca del lugar dónde podría encontrarlo. Y entonces lo tuvo claro: debía peregrinar a Jerusalén. 

Peregrinando por la costa. Crédito: Carlota Valenzuela

Dejó atrás un trabajo, amigos y una familia, pero explicó que no fue una decisión difícil, “porque cuando sientes de una forma tan clara que es lo que Dios ha puesto en ti, por lo menos en mi caso, no fue una gran renuncia, porque era tan bonito lo que estaba sintiendo y sentí tanta paz y tanta alegría que sentí realmente que era lo que tenía que hacer”.

“El paso de contarlo se hizo un poco más complicado, a mis padres por ejemplo, que al contárselo fue algo que les preocupó muchísimo y les causó mucha angustia. Y para una hija ver a sus padres tan preocupados pues no es sencillo. Pero confiaba en que al final esto era para algo bueno y sabía que aunque tuviese que pasar por ese trámite un poco más difícil, luego esto iba a tener sentido”, aseguró.

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