Julio 22, 2024

Parroquia Nuestra Señora de la Buena Esperanza

Santuario San Sebastian de Panimavida

Eucaristía del Domingo 06 de Noviembre de 2022

Domingo trigesimosegundo del tiempo ordinario
Salterio IV
Color: verde

INTRODUCCIÓN

El evangelio de este domingo contiene una importante pregunta sobre la resurrección y la vida. Los cristianos tenemos la certeza de que el Señor se encarga de la vida eterna, pero nos deja a nosotros la tarea de encargarnos de la vida antes de la muerte. Por eso no podemos mirar tranquilos el “más allá” sin hacernos cargo del “más acá”.  

El hombre siempre ha debido enfrentarse al enigma de la muerte. En Cristo esta interrogante ha sido aclarada. Esto no significa que lo comprendamos todo, pero sí que tenemos la certeza de que la muerte ha sido vencida, y lo que Dios nos ofrece es la vida. Este es el punto de partida de nuestra fe cristiana. 

Esta vida después de la muerte que el Señor nos ofrece es distinta a la actual. Desde acá nosotros intentamos proyectar las cosas buenas que tenemos hacia una realidad espiritual, futura, infinita. La llamamos vida eterna. Pero más preciso sería decir vida plena, vida en Dios. No sabemos bien cómo será, pero sabemos que viviremos en Dios, en plenitud de amor, ya no habrá muerte ni sufrimiento, no nos “fundiremos en Él”, sino que seguiremos siendo nosotros con nuestra conciencia, libertad y capacidad de amar. No será una vida individual, aislados, sino que será con otros, a quienes amaremos y con quienes viviremos en Dios.

Pero esto no significa que posterguemos la tarea de la vida plena espiritualizando la felicidad para después: “no importa vivir mal hoy, pues después de la muerte tendré la recompensa”. No. La oferta de vida y salvación es participar desde ahora en esa vida divina. El hoy de la salvación es muy importante. El Señor quiere que vivamos en plenitud desde hoy. La trascendencia nos debiera llevar a mirar el aquí y ahora, de una forma distinta.

Para el cristiano, el mundo presente es una urgencia, pues es el lugar donde debemos vivir en esa plenitud. Y Cristo nos enseña que esa plenitud pasa por reconocer al otro como hermano: amarlo y caminar juntos. 

Antífona de entrada  Cf. Sal 87, 3 

Que mi plegaria llegue a tu presencia, Señor; inclina tu oído a mi clamor. 

ORACIÓN COLECTA 

Dios todopoderoso y rico en misericordia, aleja de nosotros todos los males, para que, sin impedimentos en el alma y en el cuerpo, cumplamos tu voluntad con libertad de espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. 

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

El Rey del universo nos resucitará a una vida eterna.

Lectura del segundo libro de los Macabeos  6, 1; 7, 1-2. 9-14

El rey Antíoco envió a un consejero ateniense para que obligara a los judíos a abandonar las costumbres de sus padres y a no vivir conforme a las leyes de Dios.

Fueron detenidos siete hermanos, junto con su madre. El rey, flagelándolos con azotes y tendones de buey, trató de obligarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley. Pero uno de ellos, hablando en nombre de todos, le dijo: ¿Qué quieres preguntar y saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir, antes que violar las leyes de nuestros padres.

Una vez que el primero murió, llevaron al suplicio al segundo. Y cuando estaba por dar su último suspiro, dijo: Tú, malvado, nos privas de la vida presente, pero el Rey del universo nos resucitará a una vida eterna, ya que nosotros morimos por sus leyes.

Después de éste, fue castigado el tercero. Apenas se lo pidieron, presentó su lengua, extendió decididamente sus manos y dijo con valentía: Yo he recibido estos miembros como un don del Cielo, pero ahora los desprecio por amor a sus leyes y espero recibirlos nuevamente de Él. El rey y sus acompañantes estaban sorprendidos del valor de aquel joven, que no hacía ningún caso de sus sufrimientos.

Una vez que murió éste, sometieron al cuarto a la misma tortura y a los mismos suplicios. Y cuando ya estaba próximo a su fin, habló así: Es preferible morir a manos de los hombres, con la esperanza puesta en Dios de ser resucitados por Él. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida.

SALMO RESPONSORIAL   16, 1. 5-6. 8b. 15

R/¡Señor, al despertar, me saciaré de tu presencia!

Escucha, Señor, mi justa demanda, atiende a mi clamor; presta oído a mi plegaria, porque en mis labios no hay falsedad.

Mis pies se mantuvieron firmes en los caminos señalados: ¡mis pasos nunca se apartaron de tus huellas! Yo te invoco, Dios mío, porque Tú me respondes: inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras.

Escóndeme a la sombra de tus alas. Pero yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro, y al despertar, me saciaré de tu presencia. 

SEGUNDA LECTURA

Que el Señor los fortalezca en toda obra y en toda palabra buena.

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica  2, 16—-3, 5

Hermanos:

Que nuestro Señor Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos amó y nos dio gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza, los reconforte y fortalezca en toda obra y en toda palabra buena.

Finalmente, hermanos, rueguen por nosotros, para que la Palabra del Señor se propague rápidamente y sea glorificada como lo es entre ustedes. Rueguen también para que nos veamos libres de los hombres malvados y perversos, ya que no todos tienen fe.

Pero el Señor es fiel: Él los fortalecerá y los preservará del Maligno. Nosotros tenemos plena confianza en el Señor de que ustedes cumplen y seguirán cumpliendo nuestras disposiciones.

Que el Señor los encamine hacia el amor de Dios y les dé la perseverancia de Cristo.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Apoc 1, 5a. 6b

Aleluya.

Jesucristo es el Primero que resucitó de entre los muertos. ¡A Él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Aleluya.

EVANGELIO

No es un Dios de muertos, sino de vivientes.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 20, 27-38

Se acercaron a Jesús algunos saduceos, que niegan la resurrección, y le dijeron: Maestro, Moisés nos ha ordenado: “Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda”. Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia. Finalmente, también murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?

Jesús les respondió: En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que son juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casan. Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.

Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Porque Él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para Él.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Oremos, hermanos, por todos los hombres y por sus necesidades, para que nunca falte a nadie la ayuda de nuestra caridad:

Para que la Iglesia viva en paz, crezca constantemente, se extienda por todo el mundo y persevere con alegría en la presencia del Señor, confortada por el Espíritu Santo, roguemos al Señor.

Para que el Señor conceda a los que gobiernan el espíritu de sabiduría y de prudencia, a fin de que rijan a sus pueblos pensando en la paz común y en el bien y la prosperidad de sus ciudadanos, roguemos al Señor.

Para que Dios Padre libere al mundo de toda falsedad, hambre y miseria, y auxilie a los perseguidos, a los encarcelados y a los que son tratados injustamente, roguemos al Señor.

Para que todos nosotros realicemos nuestro trabajo con espíritu cristiano y consigamos frutos abundantes por nuestras obras, roguemos al Señor.

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