Febrero 23, 2024

Parroquia Nuestra Señora de la Buena Esperanza

Santuario San Sebastian de Panimavida

Eucaristía del Domingo 17 de Diciembre de 2023

Domingo tercero de Adviento

Salterio III

Color: morado

INTRODUCCIÓN

Juan, el Bautista, que prepara a la gente a reconocer a Cristo, exige las pruebas de una verdadera conversión y ellas son las obras de justicia y de amor. No está en grado de acoger a Dios aquel que cierra el corazón y se atrinchera en su propio egoísmo, ignorando a todos aquellos que están a su alrededor. El niño de Belén, Jesús el Señor, es nuestro salvador y también nuestro Juez, es el Juez del Amor que espera de nosotros un testimonio de fe y de fidelidad a su Mensaje. Es en ese Señor en cual san Pablo nos invita a andar alegres. Ya viene el Señor, tiene la horqueta en su mano, ya viene el que bautizará en el Espíritu Santo. El cristiano sabiendo que ha recibido en Cristo todos los dones de Dios, no tiene motivo para dejarse vencer por la tristeza, incluso cuando la adversidad pareciera autorizar la desesperanza. Nuestra fuerza es la oración, es la certeza de la comunión con Dios que tiene que inundar nuestras almas. Es la paz que viene del Señor que nos hace capaces de resistir todo tipo de asalto y todo tipo de mal.

Antífona de entrada Cf. Flp 4, 4. 5 

Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense, pues el Señor está cerca. 

ORACIÓN COLECTA 

Dios y Padre nuestro, que acompañas bondadosamente a tu pueblo en la fiel espera del nacimiento de tu Hijo, concédenos festejar con alegría su venida y alcanzar el gozo que nos da su salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. 

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

Desbordo de alegría en el Señor.

Lectura del libro de Isaías   61, 1-2a. 10-11

El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.

Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor.

Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios.

Porque Él me vistió con las vestiduras de la salvación y me envolvió con el manto de la justicia, como un esposo que se ajusta la diadema y como una esposa que se adorna con sus joyas.

Porque así como la tierra da sus brotes y un jardín hace germinar lo sembrado, así el Señor hará germinar la justicia y la alabanza ante todas las naciones.

SALMO RESPONSORIAL   Lc 1, 46-50. 53-54

R/Mi alma se regocija en mi Dios.

Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque Él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz.

Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.

Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia.

SEGUNDA LECTURA

Consérvense irreprochables en todo su ser, hasta la Venida del Señor.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica   5, 16-24

Hermanos: 

Estén siempre alegres. Oren sin cesar. Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús. No extingan la acción del Espíritu; no desprecien las profecías; examínenlo todo y quédense con lo bueno. Cuídense del mal en todas sus formas.

Que el Dios de la paz los santifique plenamente, para que ustedes se conserven irreprochables en todo su ser -espíritu, alma y cuerpo- hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo. El que los llama es fiel, y así lo hará.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO          Is 61, 1

Aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre mí; Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres. Aleluya.

EVANGELIO

En medio de ustedes hay alguien a quien no conocen.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan   1, 6-8. 19-28

Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.

Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

Él no era la luz, sino el testigo de la luz.

Éste es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle:

¿Quién eres tú?

Él confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente:

Yo no soy el Mesías.

¿Quién eres, entonces?, le preguntaron: ¿Eres Elías? Juan dijo: No.

¿Eres el Profeta? Tampoco, respondió. Ellos insistieron:

¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?

Y él les dijo:

Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.

Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle:

¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?

Juan respondió:

Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: Él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia.

Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

Credo 

Oración de los fieles

Confortados por el anuncio de la venida del Señor, oremos, hermanos, mientras esperamos confiadamente nuestra total liberación:

Para que Dios visite a la santa Iglesia con su venida y la gobierne con su asistencia, roguemos al Señor.

Para que con la tutela divina nuestros tiempos sean tranquilos y nuestra vida feliz, roguemos al Señor.

Para que el Señor con su venida cure los dolores de los enfermos, dé paz y alegría a los que no la tienen y libre al mundo de todos los males, roguemos al Señor.

Para que quienes ahora recordamos con piedad la primera venida del Señor en la carne merezcamos participar también con gozo en su gloriosa aparición en el fin de los tiempos, roguemos al Señor.

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