Febrero 22, 2024

Parroquia Nuestra Señora de la Buena Esperanza

Santuario San Sebastian de Panimavida

Eucaristía del Domingo 15 de Octubre de 2023

Domingo vigesimoctavo del tiempo ordinario
Salterio IV
Color: verde

INTRODUCCIÓN

El profeta anuncia que el fin de los tiempos, el Señor convocará a todos los pueblos para que tomen parte de una gran invitación, que es el símbolo de los bienes y de la felicidad de la salvación en comunión con Dios. La parábola de Jesús presenta la salvación como un banquete de matrimonio, en el cual los jefes de Israel se excusan de participar aduciendo excusas incongruentes.

No se puede rechazar los dones de Dios impunemente y menos se puede pretender que él renuncie a su proyecto de salvación universal. Es por esta razón que al banquete son invitados los paganos, “buenos y malos”. Son los invitados de la calle, pero uno de ellos no se ha puesto traje de fiesta, lo que indica una falta de respeto igual que la de los primeros invitados. El culpable no está en condiciones de encontrar una excusa conveniente y es condenado.

El Apóstol Pablo ha dicho: “No se engañen, de Dios nadie se burla”(Gal 6,7). No rechacemos el ofrecimiento de la gracia de Dios que nos hace partícipes de una riqueza espiritual inmerecida y necesaria para aspirar a una eternidad de alegría en la casa de Dios.

Antífona de entrada             Sal 129, 3-4 

Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir? Dios de Israel, en ti se encuentra el perdón. 

Gloria

ORACIÓN COLECTA 

Dios todopoderoso, que tu gracia siempre nos preceda y acompañe, y nos ayude en la práctica constante de las buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. 

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

El Señor ofrecerá un banquete y enjugará las lágrimas de todos los rostros.

Lectura del libro de Isaías  25, 6-10a

El Señor de los ejércitos ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña un banquete de manjares suculentos, un banquete de vinos añejados, de manjares suculentos, medulosos, de vinos añejados, decantados. Él arrancará sobre esta montaña el velo que cubre a todos los pueblos, el paño tendido sobre todas las naciones. Destruirá la muerte para siempre;  el Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros, y borrará sobre toda la tierra el aprobio de su pueblo, porque lo ha dicho Él, el Señor.

Y se dirá en aquel día: Ahí está nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación: es el Señor, en quien nosotros esperábamos; ¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación! Porque la mano del Señor se posará sobre esta montaña.

SALMO RESPONSORIAL   22, 1-6

R/El Señor nos prepara una mesa.

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque Tú estás conmigo; tu vara y tu bastón me infunden confianza.

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo.

SEGUNDA LECTURA

Lo puedo todo en Aquel que me confortará.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos  4, 12-14. 19-20

Hermanos:

Yo sé vivir tanto en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho absolutamente a todo, a la saciedad como al hambre, a tener de sobra como a no tener nada. Yo lo puedo todo en Aquel que me conforta.

Sin embargo, ustedes hicieron bien en interesarse por mis necesidades.

Dios colmará con magnificencia todas las necesidades de ustedes, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús.

A Dios, nuestro Padre, sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Cf. Éf 1, 17-18

Aleluya.

El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestros corazones, para que podamos valorar la esperanza a la que hemos sido llamados. Aleluya.

EVANGELIO

Inviten al banquete nupcial a todos los que encuentren.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   22, 1-14

Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los fariseos, diciendo:

El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero éstos se negaron a ir.

De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas. Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.

Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren.

Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.

Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?. El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: Átenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes

Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.

Credo

ORACIÓN DE LOS FIELES

Llenos de confianza en el Señor, oremos, hermanos, por todos los hombres y por todas sus necesidades:

Para que Dios conceda el espíritu de paciencia y de caridad a los cristianos perseguidos por su nombre y los ayude a ser testigos fieles y verídicos de su Evangelio, roguemos al Señor.

Para que Dios conceda prudencia a los gobernantes y honradez a todos los súbditos, a fin de que se mantengan la armonía y la justicia en la sociedad, roguemos al Señor.

Para que el Señor, el único que puede hacer prosperar el trabajo del hombre, bendiga los esfuerzos de los trabajadores y haga que la tierra dé frutos abundantes para todos, roguemos al Señor.

Para que Dios no permita que en la hora de nuestra muerte, desesperados y sin acordarnos de él, nos sintamos como arrancados de este mundo, sino que, confiados y con una gran paz, lleguemos a la vida feliz y eterna, roguemos al Señor.

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